martes, 1 de mayo de 2007

Mi puerta


Siempre pensé que una puerta es para pasar a otro cuarto, salir de la casa, entrar a otra habitación o tal vez, al vértigo de lo desconocido, a la intensa vida del hogar, al encuentro de la fantasía. Hasta que encontré una que tiene lo suyo.
Suspendida de la pared de mi cuarto, olvidé decir que es una pintura moderna, la veía día a día al abrir los ojos. Y comprendí que esa puerta no conduce a ningún sitio. Detrás de ella , una pared.
Mi fantasía no lograba atravesar el muro. Por eso decidí romper la pared, hacer un hueco y dejar que el viento se cuele por él. Eso pensé. Pero casi sin darme cuenta encontré la fórmula.
Ya sé, pensarás que estoy loca, puede ser.
Qué importa, consigo el objetivo, salir por el cuadro para ser una mujer libre de temores.
Pero regreso a liberar mis manos mientras busco en todos los rincones, sin descubrir el secreto. Sin encontrar la manera de salir por la puerta convencional y ser lo que quiero ser.
Si lo descubro, se acaba la magia. Y el cuadro volverá a ser lo que es, una puerta que no conduce a ninguna parte.
No importa. Se puede inventar otra y convencerse de que es la misma.
Me dices que no, con la cabeza. El secreto debe ser secreto y punto.
No me conformo y seguiré buscando todas la noches, absolutamente todas. Debo saberlo, lo necesito. De lo contrario, nunca recobraré la libertad y seguiré atada a esa puerta estática sobre un bastidor, a comenzar la ceremonia de trasformación para ser esa mujer que soy, cuando logro traspasar los límites de mi obsesión.



® Cecilia Ortiz

1 comentario:

josé dijo...

La fantasía suele no tener límites, ni tampoco excesos, solo el mágico espíritu que alimenta las sanas transgresiones que llevamos dentro. Por eso dibujamos una o todas las entradas necesarias que nos dejen en la estación que buscamos.