domingo 10 de mayo de 2009

Mamá Tere


















Digamos que es ficción, que nunca sucedió. Pero la verdad de la ficción es relativa. Hasta dónde es realidad, sólo es propiedad del autor. O autora.
Digamos que sucedió en un lugar lejano, en distancia y tiempo.
Lo contaré en tiempo presente como si estuviera sucediendo ahora.



Siete mujeres poetas llegamos. Así de simple. Llegamos.
El lugar es tranquilo, no se ve gente por las calles. Es pasada la hora del mediodía, el cielo despejado tiene una claridad especial que bien podría ser espacial.
Pasa el tiempo entre subir maletas hasta una oficina, entrar a otra y esperar. Hemos estado esperando buena parte de la mañana, en otro lugar, que pasaran a buscarnos.
Estamos algo inquietas. El aire huele a qué, me pregunto. Algo huele raro, como si quisiera anunciar o denunciar. Pienso que es cansancio, que el viaje, que la distancia. Que no puedo seguir pensando esto.

El hombre entra, es un hombre como tantos otros, pero éste tiene el cargo más alto del municipio. No lleva un letrero que lo anuncie, lo anuncian.
Nos mira como si estuviera viendo extraterrestres.
Comienza un discurso de bienvenida. No. Es un simple discurso, de esos a los que está acostumbrado. Lo interrumpo, me presento y digo lo que hemos ido a hacer.
Que a un presidente de municipio le lleguen como de regalo siete mujeres poetas, no es fácil de digerir. No sabe nada, de nosotras, no sabe qué hacer con nosotras. Consulta a sus allegados. Están igual que él.
Cada una propone algo. Para eso hemos viajado tanto.
Acordamos un plan de trabajo para la tarde y para el día siguiente. Y salimos.
Han pasado horas desde que llegamos. Paseamos por los alrededores, Almorzamos y ahora estamos en un vehículo, algunas en la cabina del conductor que vocifera como si repartiera melones: Ando repartiendo a las poetas; otras en la parte de atrás, a pleno sol.
La poca gente mira, pero no saluda. Alguien me susurra al oído: Realmente estamos acá o es un sueño colectivo. Pienso, sería un sueño si la banda municipal estuviera haciendo un concierto de bienvenida. No lo digo.
Estamos frente a una casa, dos compañeras han descendido. Un hombre las recibe, sus ojos parecen de gato, se muestra amigable. Entran. Seguimos viaje por una calle en lo alto del pueblo, a los lados las casas se pierden hacia abajo. El cielo sigue especial.
Aparece de improviso un vehículo azul, viene subiendo con velocidad, frena a escasos centímetros de nosotros. Lo sé porque estoy sentada en la cabina. Si saco la mano puedo tocarlo. Gritos, nuestros gritos. El otro conductor ni muestra de disculpas. Y el que conduce el que viajamos dice sonriente: Es A… de la oposición. ¿Qué oposición? La pregunta queda en el aire. ¿Y si nos hubiera impactado? Estaríamos cayendo por ahí, señala vagamente.
Giro la cabeza, miro a mis compañeras, están bien, las maletas y bolsos se han desacomodado, pero ellas no.
Seguimos viaje.
Nos detenemos delante de una casa. El conductor explica: Esta señora dispone de alojamiento para una sola. Desde atrás se escucha una voz: Me quedo yo.
Tenemos que volver a la casa anterior, un bolso no está. Cuando llegamos las dos poetas que habían quedado allí, salen con todas sus pertenencias. Vuelven a entrar sin decir palabra. Un detalle, que no se me pasa por alto, consulto a la que tengo a mi lado.
El motor del vehículo tapa mi voz.
El bolso estaba oculto bajo un abrigo y partimos nuevamente Volvemos a la segunda casa. La mujer nos saluda con su mano en alto cuando partimos. Primera señal de que hemos arribado a buen puerto.
Quedamos cuatro, en espera.
Volvemos a la calle principal, la de la plaza, el Palacio Municipal, los puestos del mercado, sin vendedores.
En otra casa quedan dos poetas, entran acompañadas por la mujer que las recibió.
Volvemos a viajar. Recorremos todo el pueblo, salimos de él. Vamos por la carretera hacia las afueras. Ya no hay casas. A lo lejos se divisa una construcción, solitaria. Bien arriba, sobre el faldeo del cerro.
Quedamos frente al hombre que nos recibe, subimos despacio, parece que nuestras maletas no están de acuerdo. La habitación tiene una cama matrimonial, se cierra desde afuera, está apartada de la casa. Salimos de ella, bordeando un caminito angosto, rodeado de árboles y plantas de buen tamaño.
Estamos sentados alrededor de la mesa. El hombre nos ofrece una bebida. No aceptamos.
Él se disculpa, su esposa no está porque no le gusta estar en la casa y prefiere trabajar fuera y llega muy tarde en la noche.
La televisión encendida es un alivio, no sabemos de qué hablar.
Finalmente hablamos de fútbol, de su equipo favorito, de mi equipo favorito, del equipo favorito de mi compañera. Lentamente pasa la hora. Parece que retrocede.
Vamos a la habitación, nos sentamos al borde de la cama. Mi compañera busca el baño, regresa con cara de preocupación. No tiene puerta, una cortina es todo lo que hay antes de un pozo y la nada.
De noche va a ser imposible ir, dice en un suspiro mientras busca algo en su mochila.
Y có mo te ves dur mien do acá, digo entrecortadamente.
No me veo. ¿Y tú?
Estamos en silencio. Siento que ella no dice lo que piensa.
Qué piensas, digo en voz baja.
En una vaca que toca el violín. Es un dibujo animado muy viejo, siempre que estoy inquieta pienso en eso.
Me río. Ella también.
Su vaca violinista me ayuda encontrar mi equilibrio interior. Me digo: esto no es tu vida. La vaca deja de tocar. Han llamado a la puerta.
Es el dueño de casa, ya es hora de partir.
Entre nuestro anfitrión y el conductor del vehículo han arreglado quien nos llevará hasta la casa donde nos reuniremos antes de ir la escuela. Haremos una presentación allí.

A partir del momento del reencuentro con mis compañeras todo comienza a ocurrir a mucha velocidad.

En la escuela los alumnos están como en misa. El salón iluminado es lo único con vida. Los maestros escuchan desde afuera. Suenan las voces, una detrás de otra. Los poemas sobrevuelan el espacio invisible del universo, que nos rodea. Estamos en él, somos una pequeña parte que palpita, en este pueblo adormilado por, no sé qué aroma silvestre. No puedo creer que sean siempre así.
Hablo, es mi voz la que escucho ahora, digo que me hice poeta porque el mundo tal como es, no me gusta, cuento cómo surgió cada poema que leo, desde que dolor, desde que angustia, desde que emoción. Mientras leo, la vaca violinista bailotea al fondo del salón. Los niños sonríen, logro compartido con la que hace sonar el violín y no se escucha.

Salimos, la calle desierta. Locales cerrados. Son las seis de la tarde de un día viernes. Tenemos ganas de tomar café, o té y contarnos las experiencias de cada una. Una mujer que trabaja en el municipio nos lleva a una especie de club social. El café me sabe a gloria. Lo necesitaba.
Ha ocurrido una revolución. Las dos primeras poetas que fueron alojadas en la casa del hombre ojos de gato se fueron con la excusa de comprar un medicamento y no regresaron. Tenían que dormir en una habitación con una cama matrimonial, una cama simple y un catre. Cinco personas en una sola habitación. El dueño de casa presentó a una mujer como su empleada y una jovencita como la hija de ella. Mis compañeras sintieron que no podían quedarse allí, en la otra habitación solamente había mesa y sillas Consiguieron alojamiento en un hotel. Mi compañera y yo nos miramos. Nos comunicamos con el pensamiento. Tendríamos que recuperar las maletas. Una buena excusa es decir que ellas nos invitan a compartir su cuarto.
Y nos prometemos que cada una velará por la seguridad de todas. Ya no más quedarnos con detalles que nos hacen sentir inseguras. Detalles. Los presentimos cuando regresamos a buscar un bolso. Esto de estar espalda con espalda no es lo que esperábamos, ni lo que, como invitadas a un evento internacional, se puede esperar.

Vamos en un vehículo que parece salido de otro mundo, muy moderno. Butacas cómodas, capacidad para diez personas. Puertas deslizantes. Nos ha pasado a buscar un policía. Será nuestro conductor. No estamos sorprendidas. No sabemos por qué, pero no hay sorpresa. Que todo sea como quieren que sea.
Pasamos a buscar las maletas. El hombre sigue solo.

Es loco, así de simple, loco. Estamos en medio de la nada, bajo el cielo estrellado, observando la vía Láctea. Una oferta del policía para que viéramos algo reconfortante. Lo que no sabemos es si sabe qué es algo reconfortante.

Frente a nosotras el paisaje a oscuras, la carretera que cada tanto se ilumina al paso de algún vehículo de carga desde donde las bocinas y los gritos nos hacen sonreír y a la vez pensar qué estamos haciendo allí. El cielo testifica que estamos, estrellas, millones de estrellas, cercanas o lejanas o ya extinguidas nos observan. Algo se mueve allá arriba. Pregunto donde está el oeste. Nadie sabe. Lo pregunto porque si eso que se mueve va de este a oeste es un satélite, si no, es otra cosa. Y parece que lo es. Aumenta de tamaño, se achica, cruza veloz, se detiene. Es loco, si, muy loco, repito cada tanto.
La noche resplandece de silencio, luces lejanas, eso que se mueve; empezamos a impacientarnos.
El policía cruzado de brazos mira, como nosotras hacia arriba. Con tranquilidad, eso parece, mira la hora y pregunta: ¿Les parece regresar?

Regresamos. Todo vuela, los minutos, la hora, las nubes, el vehículo.

Mi compañera y yo estamos sentadas al borde de la cama. En otra habitación las otras dos poetas, descansan. Nos despedimos de ellas, como si no estuviéramos conformes. Y no lo estamos. La sensación de estar solas, es permanente. Lo sé.

El dueño del hotel y la señora que estaba con él, parecían de un cuento de misterio (por no decir de terror) Nada decimos. Voy a darme una ducha, mientras pienso en la vaca violinista y me imagino una canción de casa de muñecas. Canto algo parecido a un bolero, la letra se ausenta. Creo que la vaca no desea que le haga competencia musicalmente. Escucho la voz de un hombre. Presto atención. Escucho la voz de mi compañera. Pregunto: ¿Está todo bien?. Escucho: Si.
¿Qué pasó? Vino el policía a preguntar si habíamos llamado para decir que estábamos incómodas. Le dije que no y las chicas le respondieron lo mismo.
¿Otra vez el policía?Ay amiga estomeparecedepelículamalfilmada, digo todo seguido casi sin respirar.
Algunos gritos resuenan afuera, lejanos. Una mujer grita fuerte. La voz de un hombre parece dar una voz de mando. Voces que se superponen. Cuesta comprender qué dicen. No se entiende. Será lejos de aquí. Silencio.
Miro a mi compañera y le digo: lo único que falta es que aparezca el policía otra vez,
No dice nada.
Ya tengo puesta la ropa para dormir, me saqué las lentes de contacto y estoy pasando crema por mi cara, me parece un placer extravagante, dadas las circunstancias .Lo que ha ocurrido hoy es increíble. La ropa para mañana está como apurada para que la use. Estoy cansada, me digo, muy cansada.
Golpean la puerta, me asomo por la cortina que cubre el vidrio de la parte de arriba, abro porque alcanzo a ver una cara conocida que dice: ¡Vamos!
¡Vamos ya! ¡Así como están! ¡Vamos!
Así como estoy, no, digo
Antes muerta que sencilla, susurro y apurada me pongo las lentes, caigo dentro de la ropa que aguardaba con impaciencia y termino de vestirme mientras acarreo la maleta escaleras arriba. Si, escaleras arriba, donde está la puerta de entrada.
Salimos del hotel escoltadas por la poeta que había quedado sola en casa de su anfitriona, el policía y una jovencita que no conozco. Soy la última en subir al vehículo. Todas las caras me miran con asombro. Todas las caras que me miran tienen miedo.

Estamos en casa de la anfitriona que solo iba a alojar a una. Somos cinco en total. Todavía no puedo creer lo que escuché. No puedo creer lo que sucedió o no sucedió por obra y gracia de esta mujer que nos está alojando en su casa. Estamos en la cocina comiendo, bebiendo algo caliente, hablando sin saber muy bien de qué. Por lo menos yo. Escucho, presto atención, y no entiendo. ¿Secuestradas en el hotel?
Parece que sí, que es así.

Tengo que ir para atrás, al momento que nuestra compañera alojada en esta casa, estaba muy cómoda, comiendo y conversando con la dueña de casa y su hija. Contaba nuestra aventura al aire libre y luego que nos quedamos en el hotel y las razones por las que nos habíamos quedado. De allí para adelante es todo vértigo.
La anfitriona, llamó por teléfono a un familiar, diciéndole que él sabía lo que estaba ocurriendo y que tenía que sacarnos de allí. Por eso fue el policía a preguntar si habíamos llamado para quejarnos. Le avisaron a ella que estábamos bien y enojada con su familiar le dijo que le enviara el vehículo que iba a sacarnos de allí.
Nuestra compañera, alojada en la casa, tomó las riendas del asunto, se vistió de luchadora, y salió rumbo al rescate. Y la voz de mujer que escuchamos era su voz. Peleó, literalmente por nosotras.
No querían dejarnos salir. El policía intervino. Nuestra compañera argumentó que éramos diplomáticas, que el dueño del hotel se metía en un lío internacional. Y no sé cuantas cosas más. Muy loco, pero real. Si no lo hubiera vivido, me costaría creer que esto sucedió.
Más o menos fue así: la casa del presidente del municipio sufrió un atentado en la madrugada del día que llegamos. Nosotras nos rebelamos en contra de nuestros anfitriones, entonces, aprovechando el río revuelto nos darían un susto para intimidar al presidente ( intimidarlo? para que haga qué?). Contado rápido para que parezca menos macabro. Considerando que: éramos las únicas pasajeras en un hotel de “paso”; que el conductor del taxi que llevó a mis compañeras no dijo nada sobre el tipo de hospedaje; que el policía, tampoco y que los anfitriones se “vengaban” de nuestra actitud. Una mezcla bien explosiva que no detonó de milagro. Y que, seguramente, todos sabían todo.

Por eso sigo sin comprender. Entiendo todo, pero no lo comprendo. No somos aventureras, llegamos hasta aquí desde nuestros hogares, por invitación oficial, que a esta altura ya no sé si es tan oficial y si hay alguien responsable, además de nuestra anfitriona. Y nuestra compañera guerrera.
Tan silencioso el lugar, tan de espaldas a nosotras, tan que nadie nos veía y todo lo que se movía bajo la apariencia de tranquilidad

Ahora la noche está afuera, las estrellas siguen con su luz intermitente, lo que volaba y no sabemos qué es, estará o no. Nosotras estamos abrigadas en esta casa, rodeadas de cariño. Es evidente. Una mamá nos protege.

Ya escucho mi voz cantando una canción que aprendí en mi infancia. Habla de un pajarillo pecho amarillo, que revolotea el nido perdido. Es triste, pero me recuerda mi casa, mis padres, mi perro. Sigo cantando. La vaca violinista debe estar dormida. No me interrumpe.
Mis compañeras ríen. Están contando mi preocupación de super estrella por mi ropa y mi aspecto, hasta en momentos tan tensos como el de hace un rato. Sonrío y hago gestos de artista consagrada.
Pienso en el día de mañana. Cómo será. ¿Tan alocado como el de hoy? ¿Seguiremos en este lugar, alguien nos dará alguna explicación, cómo estarán los otros grupos? Quiero irme, ya mismo. Mi mente gira a mucha velocidad. Dejo de pensar.
Mañana es otro día y tal vez, (esto no me convence) cambie el rumbo.
Hoy, el ahora es lo que tengo frente a mí.
Miro a mí alrededor. La anfitriona rodeada de las poetas y su hija mostrando labores que hacen para sostenerse económicamente.
Bebo una taza de café. Todo es perfecto. Parece una escena conocida. Y tengo la certeza de que nada puede ocurrirnos en casa de mamá Tere.

Mi hermana poeta descansa luego de su batalla. Le acaricio la frente antes de acostarme. Y doy gracias a Dios.



A mamá Tere
y a Coco

© Cecilia Ortiz
Experiencias por el mundo

domingo 7 de septiembre de 2008

Anécdota

9 de noviembre de 2007


Estamos en Santo Domingo de Tonalá, Huajuápan de León, Oaxaca, México.
Somos el grupo designado a permanecer durante dos días, participando en los eventos que cada comunidad preparó para el XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes.

La fotografía la toma Patri.
De izquierda a derecha: Ivonne, María Elena, Rosa María, Artemio, Laura y Socorro.
Más arriba estoy yo.

Artemio es la persona designada, por el Presidente del Municipio, para hacernos conocer el paisaje cercano a la población.
Suponemos que para hacer tiempo, hasta que se organicen, pues supieron que íbamos, a media mañana. Y llegamos pasada la una. Una voz femenina dijo: Ya la escuela está cerrada.
Nosotras quedamos en el aire. Literal.
¿Entonces?

Habrá que pensar algo, para hacer, pero qué.
¿Una visita a la escuela, fuera del horario habitual?
¿Leer poemas y hablar de nuestro oficio de escritoras?
¿Decir que la poesía surge rebelde, porque el mundo tal cual es no nos gusta?
¿Un recital en la bella plaza que vimos al llegar?
Todas decimos algo, hablamos bajo, sugerimos, dudamos. Lo mejor es seguir caminando.

Nos vamos detrás del hombre que habla continuamente. Y escuchamos: si hubiéramos sabido que venían les hubiéramos reservado habitaciones en el hotel, que ahora está completo, ocupado con gente que vino de México D.F.

Tal vez un tequila nos vendría bien.

Sabíamos que en todas las comunidades nos alojaríamos en casas de familia. Pero de esto, Artemio, no ha dicho nada.

Caminamos observando la naturaleza a pleno. Los sabinos necesitan mucha agua, la necesitan para desarrollar su tamaño, estar a pleno verde, y entre sus raíces siempre hay agua corriendo por pequeños surcos. Lechos de piedras que musicalizan el momento.
Nos dicen que si bebemos el agua estamos signadas a volver.
El agua es clara, limpia y hace calor. Necesitamos beber agua, (como los sabinos) para resistir el cansancio y la sensación que estamos en un lugar donde nadie nos esperaba.
Primero, mojamos manos, luego caras, y por último, algunas bebemos.

Salimos del bosque para ir a almorzar. Y, después...
¿Y después?

Cuando finalice el día sabremos si el deseo del volver será muy fuerte o quedará como anécdota.


® Cecilia Ortiz

Para todas mis compañeras de grupo.

lunes 30 de junio de 2008

Hermana de sangre

FOTO 1
















FOTO 3
FOTO 2


México- Teotihuacan, sábado 17 de noviembre de 2007.


Luego del cierre en D.F. del XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, en el Palacio de Bellas Artes, estuve varios días visitando a mi amiga Issa Martínez Llongueras. (antes que comenzara el XV Encuentro, también. Issa había ofrecido su casa para alojarme los días que no cubría gastos el Encuentro)
Tendría que comenzar con mi llegada a México.




Issa me espera en el aeropuerto. No nos conocemos personalmente. Formamos parte del Equipo Editor de Palabras Diversas, y vía Internet nuestra amistad nació y creció.
Nuestro encuentro, es difícil describirlo, cómo transmitir lo que se siente al dar un abrazo real, a la persona que por meses has estado abrazando de manera virtual.
Se siente algo muy fuerte, un enlace que ya ha nacido pero se instala en tu cuerpo justo cuando estás dando el abrazo y recibes el otro.
Un taxi nos lleva del aeropuerto hasta la casa, en Lomas de Becerra, D.F.
Sin dejar de conversar con mi amiga, miro por la ventanilla y casi gritando digo: México, ya llegué, a ver cómo me recibes.

Muy tarde voy a descansar, a tratar de dormir, luego de hablar por horas con Issa.


Por la mañana detrás de la taza de café con leche, la sonrisa de Issa me dice: Suerte que te dormiste bien profundo.
Y tú cómo lo sabes.
Porque al rato de irte a dormir, hubo un terremoto, un susto Padre. Y ni te enteraste.

Si van a México ni se les ocurra decir lo que dije desde el taxi. Nunca se sabe.


FOTO1


Han pasado doce días desde mi llegada.


Es sábado, la mañana está muy bella, y mi emoción, está al máximo.
Leí mucho sobre el tema arqueología precolombina, culturas que me atraparon con su organización social, religión, matemáticas, construcciones, tradiciones, y muchas cosas más.
La pirámide del Sol es la que está detrás de nosotras.


FOTO 2

La fotografía la toma Yolanda, la madre de Issa. Que nos está diciendo: ¿Van a subir sin sombrero?
Y sin sombrero subimos, nos acompaña José Carlos, el hijo menor de Issa, de 8 años.
Mucho esfuerzo, si, pero con tantas ganas de hacerlo, que las fuerzas aumentan en vez de restar.
Hacemos una parada para tomar fotos en la mitad de la altura total. Eso es lo que decimos, para darnos ánimo,

Ahora el fotográfo es Joseca.

FOTO 3



Ver la ciudad sagrada, desde allí es estar por sobre la realidad. O se agrega otra realidad, que sumada a mis recuerdos de estudiante, le dan al entorno una temperatura que no es la provocada por la atmósfera. Estoy subiendo las escalinatas que subían sacerdotes y los que iban a ser sacrificados en el altar, en honor a los dioses.
Imagino o veo. Hay mucha gente subiendo con nosotros. Todo se mezcla. Tendría que haberme puesto el sombrero. No hay duda.




Bajamos, luego de haber estado un tiempo, detenidas en la cima, en la parte más alta, por encima de donde estaba el altar, (eso creo) en el centro del espacio hay un “ojo”, en el piso de piedra, una piedra como nácar. Issa dice que ponga mi mano allí.
Pongo un dedo, el índice de la mano derecha.
Lo que siento es que estoy haciendo el ridículo, pero todos lo hacen, Issa insiste: Tomas energía de aquí.
Y me quedo unos instantes, fuera de mí. Mucho sol, dice mi cabeza. Mucha energía dice mi mente. Muchos latidos, siento en el corazón.

Bajamos. Descender es casi más difícil que subir. Hay que mantener el equilibrio frente a la inmensidad que se abre delante de los ojos. Los escalones son angostos, desiguales en altura.
Todo se acerca, la gente se hace de tamaño real.
Todavía creo que estoy en las alturas.

Muchos vendedores ofrecen su mercadería. Mucha gente camina, saca fotos, conversa.
El grupo que me acompaña está formado por : Issa, Yolanda, Joseca y José Alberto (hermano de Issa y conductor del auto que nos traslada)

Caminamos hacia la feria artesanal que está en la entrada. Vamos pasando por los puestos, los colores atraen, todo atrae.
Le digo a Issa que desearía una blusa con bordados. No me gusta ninguna y decido compar unas sandalias. Las pruebo y mis pies, que hasta momentos antes estaban dentro de las zapatillas, respiran felices.
Escucho la voz de Issa: Ce, aquí está la camisa que buscas.
Estoy sentada, aún no decido si volver dentro de las zapatalllas.
No.
Salgo y doy un paso. A veces un solo paso cambia tu vida entera. Otras veces no pasa más que eso, das un paso.
Siento dolor en el dedo grande del pie derecho, miro al suelo y veo salir sangre (literal) a borbotones. Y un dolor agudo me dobla en dos. Una piedra saliente, filosa, encontró mi dedo, justo para hacer una ofrenda a los dioses.
Alguien trae una silla, No puedo creer lo que veo. Issa trata de hacer un torniquete con una tira de género que le ha dado un vendedor. La veo con las manos llenas de mi sangre, su camiseta blanca manchada de rojo. Han llamado a un médico. Todo gira. Las voces se hacen lejanas, el sol ya no me da calor, me siento bien, todo es luz.
La voz de mi amiga, ya convertida en hermana de sangre, me vuelve a la realidad. Siento sus manos en mi brazo izquierdo.
Se estaba tan bonito allí donde estaba.
¡Ce, no digas eso, me has dado un susto Padre.
Mi dedo está vendado, parece una momia, me duele un poco. Casi me parece que soñé con una enfermera, que limpiaba, curaba, atendía. El nombre de un remedio, instrucciones para limpiar la herida, recomendaciones para la noche, poner no sé qué, para que las mantas no se apoyen en mi dedo. Mujeres que con agua limpiaban la vereda de piedras, hasta que todo queda limpio.
Mi sangre se ha diluido, se confunde con la tierra mexicana.
Digo: ay qué torpe, les arruiné el día.
No sé qué me dicen, pero pienso. No.

Y vamos a comer al lugar que habían elegido cuando llegamos. La gruta.
Es tal cual. Allí se está con la misma temperatura todo el año.
Hay que bajar muchas escaleras. Las bajo apoyada en Issa.
Música, bailarines: Fiesta.
Se está muy bien, está fresco. Para mi pie, una silla exclusiva. Mi otro yo, baila en el escenario.
Celebramos que soy medio mexicana, derramé sangre, los dioses me aceptaron, no hay dolor. Camino casi sin dificultad.
Y tengo una hermana de sangre. ¡Qué fuerte!

Hay muchas cosas que quedan sin contar.
Imaginen el almuerzo, los bailarines vestidos como guerreros aztecas, haciendo sonar un caracol marino arriba, casi en la entrada de la Gruta. (un restaurant de muchas estrellas merecidas) O con trajes típicos de distintas regiones de México.
Imaginen el viaje de regreso, en el auto, todos preguntando si me duele. No duele.

Teotihuacan ha quedado atrás. Físicamente. Está en mí.





A Issa, desde mi corazón
® Cecilia Ortiz – Experiencias por el mundo

miércoles 14 de mayo de 2008

Mujer en el mercado


10 de noviembre de 2007



Es de mañana, en Santo Domingo de Tonalá, Oaxaca, México.
Laura, Socorro y Rosa María se han quedado.

Ivonne, Patricia, María Elena y yo, hemos ido a visitar con un guía, designado por el Municipio, el cañón del Boquerón.

No hay mucha gente en Tonalá. Es el día sábado 10 de noviembre de 2007.
La feria atrae a Laura.
Poca gente. Algunos puestos abiertos y todo lo demás cerrado.
No hay mucho para hacer en esta mañana. El tiempo pasa lento y la cámara de Laura está ansiosa.
Las casas quietas, las paredes luminosas, algunas personas caminan rápido hacia no sé sabe dónde.
En la plaza los pájaros cantan su libertad.
Los ojos de Laura distinguen una figura y se encamina hacia ella.
Señora, buenos días. ¿Me permite tomarle una fotografía?
Todo lo que estaba quieto comienza a moverse.
La mujer con sus movimientos hace el milagro.
Suelta el pelo, lo peina. Lo recoge. Acomoda el vestido, pone sobre sus hombros una chalina oscura. Se demora en acomodarla.
De golpe recuerda que no se ha puesto aros. Busca.
Toma asiento entre las cosas que vende. Y posa.
Como si fuera una estrella de cine, con el mismo porte.

La vida es un aprendizaje, siempre. En cualquier lugar del mundo.
Es lo que siento cada vez que veo esta fotografía. Lo cuento en tiempo presente, no sé por qué.
Tal vez, mi mente me lleva al lugar, aunque no estuve cuando se hizo la foto.
Y el recuerdo me lleva a mi madre. (Mery) Cada tarde, cuando terminaba las tareas de la casa, luego de lavar la cocina., se cambiaba de ropa, como si fuera a salir a pasear.
Pulseras, anillos, collares, perfume y crema para la cara y manos.
Mi abuela Rafaela, su madre, hacía lo mismo. Tacos altos, blusa blanca, el trajecito negro entallado en la cintura y una chalina si hacía fresco.

Cuando llego de la calle, lo primero que hago es ponerme ropa de entrecasa, como para no volver a salir. Ahora estoy escribiendo así, Casi son las seis de la tarde de este día miércoles, con actos políticos, partidos de fútbol, desabastecimiento en los negocios de comestibles. Una tarde para olvidar lo que ocurre afuera.

Pero lo que quería contar era otra cosa.

Siempre me hago el firme propósito de imitar a mi madre, a mi abuela y a esa señora de la fotografía. Tengo que ser más constante.

La vida es un aprendizaje. Siempre. En cualquier lugar del mundo.



A Laura Novoa- Costa Rica
Sensible, intuitiva, sincera. Poeta.
Un gran abrazo Lauri.



® Cecilia Ortiz

Experiencias por el mundo


sábado 3 de mayo de 2008

En el árbol con Patri



El árbol es un Sabino, del bosque de Tonalá. En México, región de Oaxaca, La Mixteca.

Allí llegamos siete poetas: Laura Novoa de Costa Rica; Rosa María Arellanos Contreras, de Michoacán, México; Socorro Carranco de Chiapas, México; María Elena Solórzano, México; Ivonne Gómez Ledesma, Torreón, México; Patricia Gómez de Chile y yo de Buenos Aires, Argentina.
No llegamos por casualidad, formábamos parte del grupo que iba a estar dos días en Tonalá. Como parte del programa de estadía en las comunidades mixtecas.

Fue en el XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes.
Todas fuimos invitadas oficialmente al encuentro, por nuestra trayectoria y obras; más de sesenta mujeres poetas.

Mi grupo llegó, luego de varias horas de espera en Huajuápan de León, Oaxaca, en la Casa de la Cultura. Los motivos, no importan. Ya no importan. Eso fue en noviembre de 2007.
Recorrimos varios kilómetros para llegar. En auto, dos autos.
No puedo explicar por qué, pero al pedido de María Elena: Cecilia, canta un lindo tango. Canté varios. Digamos que los interpreté, eso dijo María Elena y por suerte el conductor lo aprobó. A partir de ese momento fui: Canario o Canarin. Porque canté todo lo que apareció por mi memoria, durante esos días.

Nos recibieron, digamos que nos recibieron, y fuimos a pasear al bosque de Sabinos; como parte del recibimiento.
Conocimos la historia de una poeta argentina, Lucy, que durante muchos encuentros de mujeres poetas fue, designada o no, a Tonalá y decidió que sus cenizas descansaran allí.

Una experiencia fuerte, para mí, que llegaba buscando el idioma de mi América, saber que allí cerca descansaba Lucy.

La mañana se fue en viaje y paseo. Y casi antes de ir a almorzar, entre tantas fotos, quedamos Patricia y yo, para siempre, trepadas al Sabino, saludando. Argentina y Chile, hombro con hombro, dos poetas del Sur, allí en el Norte.

Ver la foto de ese instante me hizo disparar lo que cuento. (La de la derecha es Patricia)

El viaje es lo queda de él, dicen.

Lo que quedó es la amistad con mujeres poetas que no hubiera tenido la posibilidad de conocer y reconocer sus obras y seguir en contacto con ellas.

Fue el viernes nueve de noviembre, pasadas las dos de la tarde.
Patricia y yo, en el bosque de Sabinos.




A Patri, desde Buenos Aires.
Un recuerdo (recordis: volver a pasar por el corazón)



® Cecilia Ortiz- Experiencias por el Mundo

miércoles 16 de abril de 2008

Premio Calidez


Premio Calidez
otorgado por
Soledad Sánchez M. -Salamanca- España
a
Otorgo el premio Calidez a
María Antonia Moreno Mulas- Salamanca- España
Lya Naranjo- Quito- Ecuador
Ivonne Gómez Ledesma- Torreón- México
Marco Antonio Díaz Chavez- Yucatán- México
Corazón Urbano
José Luis López Romero- Esperanza- Santa Fe - Argentina
Este premio para aceptarlo está sometido a las siguientes reglas:
*Publicarlo en un post haciendo relación al autor y blog de quien te lo otorga.
*Hacer un enlace con el blog citado.
*Elegir cinco blogs en los que consideres similares cualidades ( Calidez) que aquellas por las
que lo recibes.
*Enlazar los blogs nominados
*Hacer constar estas reglas

Premio Arte y Pico

Premio Arte y Pico
otorgado por
Issa Martínez Llongueras- México- DF.
a
Otorgo el Premio Arte y Pico
a
Soledad Sánchez M. Salamanca- España
Milagro Haack- Valencia- Venezuela
Graciela Diana Pucci- Buenos Aires Argentina
Pedro Pablo Pérez Santiesteban -Cubano residente en Miami- EE. UU.
Gustavo Tisocco- Buenos Aires- Argentina
Este premio está sometido para aceptarlo a las siguientes reglas
*Publicarlo en un post haciendo relación al autor y blog de quien te lo otorga.
*Hacer un enlace con el blog citado.
*Elegir cinco blogs en los que consideres similares cualidades ( arte y creatividad) que aquellas por las que lo recibes.
*Enlazar los blogs nominados

martes 1 de abril de 2008

Despierto

Cuadro: Jèrèmie Iordanoff






día (tarde) noche

¿soñado?

sigo imaginando

que desperté del sueño


-lo soñado existe-



o sigo soñando


o

despierto



y sueño lo que quiero




® Cecilia Ortiz

martes 26 de febrero de 2008

Imágenes en la memoria




Sólo recuerdo que la muñeca no cerraba los ojos.
Para cerciorarme de que estuviera dormida, cuando iba a la cama por mandato paterno, la ponía boca abajo, para que al menos no me viera dar vueltas como una marioneta.
Mi muñeca desapareció en alguna mudanza y llegué a la nueva casa sin ella.
Bajo un manzano contemplé lo que sería mi nuevo hogar.
Aún hoy contemplo la casona entre árboles más viejos que ella.
Me preguntaste, y en esta foto quienes están.
¿Quiénes?
No puedo decirte que lo sé. Me inventé una historia familiar cuando desaparecieron los que estaban posando para quedar por siempre. Quedar por siempre me suena a mucho tiempo.
No lo sé, contesto.
Por qué la guardas, entonces.
No la guardo, está por alguna razón. Me la habrá enviado alguien, luego de verme en tantas películas. Me imagino que habrá pensado que me gustaría.
Desempolvo la fotografía y la miro.
Sonrío.
Qué otra cosa se puede hacer sobre el polvo de las cosas.
El tiempo solo me ha dejado arrugas infinitas y una certeza de haber sido la mejor.
Ya nadie recuerda lo que fui.
Y los recuerdos no tienen movimiento. Ocupan un espacio. Que de tanto en tanto se inquieta y deja un trazo, leve, sobre el día que vivo.
La muñeca no cerraba los ojos.
Yo, ahora tampoco, me trago las visones para sentirme viva, vieja, pero viva.
Te alejas. Siempre te alejas y veo tu espalda que me habla. Me dices que eres lo único que tengo.
La muñeca y yo somos casi lo mismo. Dos formas estáticas, una plasmada en papel senil y yo, suspirando a la espera de reencontrar a los míos, en algún lugar de no sé dónde.

®Cecilia Ortiz

sábado 19 de enero de 2008

Tu lugar en el mundo

Susana trajo este texto a uno de los talleres de Técnicas de Escritura que coordino.
Es para no perder un detalle.
Lo comparto y a la vez les deseo
FELIZ 2000 OCHO




Nadie en el mundo va a darte tu lugar si vos no lo ocupás primero.
Al que elige con firmeza su papel nadie le dicta el libreto ni le enseña cuando debe entrar o salir; solo vos sos el director, guionista y protagonista de tu historia.
No importa tanto si sos un actor secundario en la obra de otros, lo esencial es que seas actor principal en la tuya y también el redactor de tu libreto.
Es irrelevante el tiempo asignado a tu papel, siempre será el necesario para que tu participación en el plan de la Creación sea la esperada, pero cuida de no equivocarte de escenario: el tuyo es en el que se juega tu suerte, no la de otro, por apasionantes que sean los libretos ajenos.
Esto tiene que ver con la elección consciente de tu libertad en todos los niveles, que te llevará siempre a negarte a la aceptación de ese papel que muchos asumen para descansar de sus obligaciones: el de víctima.
Indaga profundamente en tu interior cual es tu sitio, cuales son tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansías expresarte, y luego actuá.
No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir en cuantos modos podés llegar a los demás con tu mensaje.
Cada conducta es una forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida.
Cambiá, ampliá tu experiencia, probate en cosas nuevas, ensayá algo distinto en tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los demás, en tu búsqueda del sentido de tu vida y en el modo de amar a los que amás.
No permitas que el miedo, los prejuicios, la moda, la rutina o la presión de los demás aplaquen esa potencia creadora que habita en tu interior, expresate y no te justifiques, no expliques, no argumentes.
Actuá, que, por cada uno que critica en voz alta, existen diez hermanos silenciosos que crecen con tu ejemplo y a quienes tu coraje impulsa a buscar en sí mismos la fuerza que te anima.
Existe una verdad en vos, debe ser develada y transformada en acción. Esa verdad se refiere a tu esencia y a las características peculiares que te identifican. Tu persona es única, original, nunca repetida.
A cada uno de nosotros le corresponde manifestar la riqueza infinita de la Creación, desarrollando lo distinto que nos entregó cuando llegamos al mundo.

Sos la única oportunidad que tiene el mundo de contar con alguien como vos.


Vadhani