viernes, 14 de enero de 2011

Poetas en fuga





Digamos que la ficción, continúa, que las imágenes siguen apareciendo sin interrupción y las escenas fluyen desde no sé dónde. Se acomodan, como reinas y subordinan palabras para hacer surgir la historia


Es de mañana. La noche anterior dejó sabor extraño en todas las bocas, y la sensibilidad potenciada. Mama Tere prepara el desayuno, su hija ayuda. No la hemos podido convencer de que no lo haga. Miro por la ventana, el cielo casi desaparece detrás de la copa del árbol. Las tazas dejan escapar su perfume tentador. Hay bollitos de pan, tortillas (parecen panqueques), mermelada, palabras suaves; algo de apuro. Nos esperan para desayunar. Eso han dicho ayer.
Salimos de la casa. Escuchamos las recomendaciones.
Tere, vamos, luego del desayuno previsto, a visitar el paseo junto al río. Vamos con un guía. Estaremos bien. Luego almorzaremos y vendremos aquí hasta que sea la hora del recital en la plaza. Estaremos bien.(repito)
Desde la esquina saludamos la sonrisa y la mano que se agita para despedirnos.
Todo está como ayer. Sin gente. Buscamos teléfono, cerrado. Internet, cerrado. Pregunto, es sábado o domingo. Es sábado. Diez treinta.
Llegamos al local donde nos esperan dos compañeras. Ellas no saben que ocurrió anoche. Contamos todo.
No estamos solas, hay algunas mujeres, además de las que atienden. Escuchan, como si no escucharan.

Tres compañeras deciden quedarse. No están de humor para un paseo. Prefieren observar qué ocurre en el pueblo. Si anuncian el recital, si alguien del Municipio les dice algo, si se abren los comercios. Si pueden hablar con alguna persona sobre lo que sea

Frente al Palacio Municipal esperamos. Llega un hombre. Se presenta. Está comisionado para ser nuestro guía. Subimos al vehículo. Salimos del pueblo y vamos hacia el mismo lugar donde estuvimos anoche mirando las estrellas.

El paisaje es atrapante. El río, desliza sus aguas por debajo, entre piedras multicolores, rumorea mensajes, relata con pasión sus andanzas montaña arriba. Vamos por una pasarela, camino a la caída del río. De un lado la pared rocosa muestra su exuberante vegetación. A sus pies, un canal lleva con rapidez torbellinos transparentes. Agua temperamental que llegará a su destino con mucho ímpetu.
Nuestro destino. Quedo pensando un momento. Las voces interrumpen mi análisis. Es mucho mejor escuchar.
El hombre pertenece a una agrupación que convoca e instruye sobre la protección del venado. Cuenta. Nos pide que contemos. Somos poetas, decimos. Las escucho.
Estamos solos en medio del paisaje; el lugar está preparado para pasar el día y disfrutar a pleno Parece que la gente no lo ha tenido en cuenta para el día de hoy.
La naturaleza invade todo. Nos sentamos en unos bancos de cemento, de espaldas a la mesa del mismo material. El hombre se sienta sobre un tronco cercano, de espaldas al río que murmura su canto allá abajo entre guijarros.
Leemos poesía, en voz alta.
Leo poemas de una compañera mexicana, mariposas, leo mariposas de colores. Y son mariposas de colores las que comienzan a girar a mi alrededor. Magia de la poesía.
El paisaje gira y gira. Con Patri bajamos hasta el borde del agua, juntamos guijarros.
Regresamos por la pasarela que usamos para ingresar.
Regresamos en silencio.
Regresamos.

Nuestras compañeras cuentan mientras almorzamos Hablaron con alguien del Municipio que dijo que extraoficialmente el recital estaba suspendido. Ellas contestaron que hasta las cinco de la tarde esperábamos la confirmación.
Al salir nos cruzamos con la misma persona que sostiene su información extraoficial.
Mantenemos nuestra oferta: Hasta las diecisiete horas.

Tere nos espera muy inquieta. Cerca de donde estuvimos , en la ladera de enfrente , un poco más arriba de la caída del agua, cazadores furtivos mataron un venado. Y todos están abocados en la búsqueda.

Quedamos en silencio. Todo se ha descontrolado otra vez. Recital, nuestra visita, nuestra estadía. Cazadores furtivos, es la frase que bailotea por mi mente. Nosotras tan cerca. Destino. Detengo mi pensamiento.

Son las cuatro de la tarde. Hemos preparado las maletas. Oficialmente no sabemos nada pero entendemos que nadie nos avisará.

Mamá Tere sentada en la cocina, escucha nuestro recital, lagrimea diciendo: Lo que se pierden los demás.
Sencillo acto de agradecimiento a esta mujer maravillosa.
Se ocupa de llamar dos autos para regresar, no queremos quedarnos, a hacer qué.
Sentimos que la fuga es la única salida. No es fuga en realidad. Pero, cómo llamar a esto.
Ya ha pasado la hora, son las diecisiete y treinta. Confirmamos el viaje.

Partimos con las bendiciones que a cada una da Tere.
Una canasta con panes dulces para el viaje, recién traídas por una pareja mayor es el mejor regalo. Pan sencillo. Pan de amor. Pan sincero.
Nos cuesta desprendernos de Tere. y de su hija.

Pasamos delante del Municipio. Personas que conocemos nos miran. No saludan. Nosotras sí lo hacemos.

El conductor del auto en que viajo pregunta: Qué hacen por acá.

Le reponde una compañera a qué habíamos ido y agrega ironicamente: pero han matado a un venado y nosotras estamos demás.

El camino sinuoso. El paisaje casi en atardecer. Nosotras también.
Siete poetas en fuga y un poema desperdiciado.

Ya no contaré más ficciones sobre este viaje.
Ha quedado en el recuerdo. Y no es mi intención recordar, volver a pasar por el corazón esas experiencias.
Ha quedado la amistad con seres maravillosos que de otra manera no hubiera podido conocer.
Ha quedado tanto que es imposible contar.


Gracias a todas mis compañeras de emociones en el XV Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes.


© Cecilia Ortiz


2 comentarios:

Tania Alegria dijo...

Estimada Cecilia, podría haber dejado un comentario en cualquiera de tus excelentes posts, lo dejo en el último de esta página que leí entera, con el corazón en júbilo por acompañar cuanto de ti se asoma en tus cuentos, poemas y actividades culturales.
Un gusto leerte, compañera. Gracias por los buenos momentos que pasé en tus territorios.
Desde Lisboa, mi saludo cordial y un abrazo afectuoso.

Cecilia Ortiz dijo...

Gracias querida Tania, por tu comentario, por tus palabras y por tu amistad.
Sigamos por este camino señalizado por las letras, que nos acompañan y hasta creo que nos comprenden.
Beso y gran abrazo


Cecilia