martes, 26 de febrero de 2008

Imágenes en la memoria




Sólo recuerdo que la muñeca no cerraba los ojos.
Para cerciorarme de que estuviera dormida, cuando iba a la cama por mandato paterno, la ponía boca abajo, para que al menos no me viera dar vueltas como una marioneta.
Mi muñeca desapareció en alguna mudanza y llegué a la nueva casa sin ella.
Bajo un manzano contemplé lo que sería mi nuevo hogar.
Aún hoy contemplo la casona entre árboles más viejos que ella.
Me preguntaste, y en esta foto quienes están.
¿Quiénes?
No puedo decirte que lo sé. Me inventé una historia familiar cuando desaparecieron los que estaban posando para quedar por siempre. Quedar por siempre me suena a mucho tiempo.
No lo sé, contesto.
Por qué la guardas, entonces.
No la guardo, está por alguna razón. Me la habrá enviado alguien, luego de verme en tantas películas. Me imagino que habrá pensado que me gustaría.
Desempolvo la fotografía y la miro.
Sonrío.
Qué otra cosa se puede hacer sobre el polvo de las cosas.
El tiempo solo me ha dejado arrugas infinitas y una certeza de haber sido la mejor.
Ya nadie recuerda lo que fui.
Y los recuerdos no tienen movimiento. Ocupan un espacio. Que de tanto en tanto se inquieta y deja un trazo, leve, sobre el día que vivo.
La muñeca no cerraba los ojos.
Yo, ahora tampoco, me trago las visones para sentirme viva, vieja, pero viva.
Te alejas. Siempre te alejas y veo tu espalda que me habla. Me dices que eres lo único que tengo.
La muñeca y yo somos casi lo mismo. Dos formas estáticas, una plasmada en papel senil y yo, suspirando a la espera de reencontrar a los míos, en algún lugar de no sé dónde.

®Cecilia Ortiz

8 comentarios:

STELLA MARIS TABORO dijo...

Una prosa inundaba con la ternura de la infancia que sella a cada uno en su personalidad.
Un abrazo

Stella maris

Dinos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
vocesdehoy dijo...

Cee, me llegó profundo la sensación del recuerdo.

Soledad Sánchez M. dijo...

Me ha gustado mucho tu poema.

¿Me permitirás volver?

Un beso dede España.


Soledad

josé dijo...

La memoria tiene el caudal de nuestras emociones, sostiene, para mí, la razón de vivir. La vida es lo que vamos dejando, lo que se nos escapa sin remedio. Y luego los sueños de cada siguiente segundo y lo que venga según pase el tiempo. La memoria es nuestro gran tesoro, sí, creo que es así. Me hizo bien leerte de nuevo, amiga Cecilia.

Cecilia Ortiz dijo...

Stella Maris, Voces de hoy, Soledad, José
Gracias a todos y cada uno por su comentario.
Cuatro grandes abrazos.

Catalina Zentner dijo...

Recordé esa muñeca que también puso colores a mi infancia, era pelirroja y se llamaba Betty.
Cuando la perdí, fue el primer duelo de mi vida, anticipo de los muchos que vendrían después.
Un beso,
Catalina

Cecilia Ortiz dijo...

Catalina, esa muñeca que no cerraba los ojos la tuve de niña, y la ponía boca abajo , tal cual cuento.
Son recuerdos de mi enfancia mezclados con la historia de ficción que apareció así.. luego de esa primera frase.
Gracias por tu visita.
Un gran abrazo