miércoles, 16 de abril de 2008
martes, 1 de abril de 2008
Despierto
martes, 26 de febrero de 2008
Imágenes en la memoria

Sólo recuerdo que la muñeca no cerraba los ojos.
Para cerciorarme de que estuviera dormida, cuando iba a la cama por mandato paterno, la ponía boca abajo, para que al menos no me viera dar vueltas como una marioneta.
Mi muñeca desapareció en alguna mudanza y llegué a la nueva casa sin ella.
Bajo un manzano contemplé lo que sería mi nuevo hogar.
Aún hoy contemplo la casona entre árboles más viejos que ella.
Me preguntaste, y en esta foto quienes están.
¿Quiénes?
No puedo decirte que lo sé. Me inventé una historia familiar cuando desaparecieron los que estaban posando para quedar por siempre. Quedar por siempre me suena a mucho tiempo.
No lo sé, contesto.
Por qué la guardas, entonces.
No la guardo, está por alguna razón. Me la habrá enviado alguien, luego de verme en tantas películas. Me imagino que habrá pensado que me gustaría.
Desempolvo la fotografía y la miro.
Sonrío.
Qué otra cosa se puede hacer sobre el polvo de las cosas.
El tiempo solo me ha dejado arrugas infinitas y una certeza de haber sido la mejor.
Ya nadie recuerda lo que fui.
Y los recuerdos no tienen movimiento. Ocupan un espacio. Que de tanto en tanto se inquieta y deja un trazo, leve, sobre el día que vivo.
La muñeca no cerraba los ojos.
Yo, ahora tampoco, me trago las visones para sentirme viva, vieja, pero viva.
Te alejas. Siempre te alejas y veo tu espalda que me habla. Me dices que eres lo único que tengo.
La muñeca y yo somos casi lo mismo. Dos formas estáticas, una plasmada en papel senil y yo, suspirando a la espera de reencontrar a los míos, en algún lugar de no sé dónde.
®Cecilia Ortiz
sábado, 19 de enero de 2008
Tu lugar en el mundo

Nadie en el mundo va a darte tu lugar si vos no lo ocupás primero.
Al que elige con firmeza su papel nadie le dicta el libreto ni le enseña cuando debe entrar o salir; solo vos sos el director, guionista y protagonista de tu historia.
No importa tanto si sos un actor secundario en la obra de otros, lo esencial es que seas actor principal en la tuya y también el redactor de tu libreto.
Es irrelevante el tiempo asignado a tu papel, siempre será el necesario para que tu participación en el plan de la Creación sea la esperada, pero cuida de no equivocarte de escenario: el tuyo es en el que se juega tu suerte, no la de otro, por apasionantes que sean los libretos ajenos.
Esto tiene que ver con la elección consciente de tu libertad en todos los niveles, que te llevará siempre a negarte a la aceptación de ese papel que muchos asumen para descansar de sus obligaciones: el de víctima.
Indaga profundamente en tu interior cual es tu sitio, cuales son tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansías expresarte, y luego actuá.
No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir en cuantos modos podés llegar a los demás con tu mensaje.
Cada conducta es una forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida.
Cambiá, ampliá tu experiencia, probate en cosas nuevas, ensayá algo distinto en tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los demás, en tu búsqueda del sentido de tu vida y en el modo de amar a los que amás.
No permitas que el miedo, los prejuicios, la moda, la rutina o la presión de los demás aplaquen esa potencia creadora que habita en tu interior, expresate y no te justifiques, no expliques, no argumentes.
Actuá, que, por cada uno que critica en voz alta, existen diez hermanos silenciosos que crecen con tu ejemplo y a quienes tu coraje impulsa a buscar en sí mismos la fuerza que te anima.
Existe una verdad en vos, debe ser develada y transformada en acción. Esa verdad se refiere a tu esencia y a las características peculiares que te identifican. Tu persona es única, original, nunca repetida.
A cada uno de nosotros le corresponde manifestar la riqueza infinita de la Creación, desarrollando lo distinto que nos entregó cuando llegamos al mundo.
Sos la única oportunidad que tiene el mundo de contar con alguien como vos.
Vadhani
viernes, 24 de agosto de 2007
El tren

En el número ocho su tren se despedía. Los vaivenes del último vagón le hicieron burla. Se detuvo, agitada.
Caminó despacio, las pocas cuadras hasta su casa tornaban de niebla.
Tocó timbre, al abrirse la puerta, Anselmo, aún con la ropa de dormir, se hizo a un lado. María Victoria entró, contuvo lágrimas, dejó los guantes dentro del abrigo colgado, la maleta en el piso se hacía cada vez más pequeña.
Durante el almuerzo, ella contó que no tuvo coraje para ir a la estación y se había quedado sentada entre el tercer y el cuarto piso y que los vecinos que tienen perro preguntaron si había olvidado la llave. Otros, al ver la maleta, ni dijeron buenos días. Alguno con más confianza, la palmeó en el hombro diciendo: Estas son cosas que suceden.
Anselmo la tomó de las manos mirándola a los ojos y dijo: Estamos juntos. No importa nada más.
María Victoria escuchó el silbato del tren como un llamado. El suspiro se fue detrás de ese sonido, otro, quedó junto a ella, que sentada, inmóvil, con las manos aún entre las de Anselmo, escapaba en el último vagón.
® Cecilia Ortiz
domingo, 10 de junio de 2007
Galope

era casi abstracta,
como vista en un sueño.
J. L. Borges
Abro los ojos, todo es borroso. Seco mis lágrimas. Veo el alazán, galopa hacia el oeste, las crines brillantes; el polvo sube por la espalda de mi hombre que se aleja. Recostada en el poncho, aún tibio, miro cómo la luz amarillenta derrama claridad sobre las montañas, lejos, delante del caballo que ya no puedo ver.
Me acerco al río, el agua es fresca, mi cuerpo tirita mientras se moja. No puedo mover las manos, que quietas, se resisten a olvidar el abrazo (decidimos que fuera el último), me sumerjo con deseos de no salir. El llanto desbarata el intento. Salgo del agua, me visto con desgano; ya aparecieron las primeras estrellas y la noche es clara.
Mi zaino se arrima, conoce los hábitos, con su cabeza indica qué debo hacer. Lo acaricio antes de montar. Distante, la luz de mi casa se insinúa en las ventanas. Me esperan, lástima, no tengo ganas de hablar. Estarán sentados alrededor de la mesa. No tengo hambre. Siento frío, el viento sacude mi ropa y entre las telas húmedas murmuro un llanto, contengo lágrimas, aprieto los puños. La luna presiente mi estado de ánimo y se oculta. Me abrazo al cuello del animal, él fue testigo de los encuentros furtivos. El silencio palpita en el campo, mi corazón se detiene. Unos ladridos anuncian que llegué. La puerta se abre y esa silueta oscura, que no quiero ver, aparece en la galería. Los perros aparecen detrás, colas quietas, orejas caídas. La voz ronca me acusa, amenaza. El zaino se inquieta, gira despacio. La tranquera está abierta. Grito.
Mi caballo galopa veloz, sabe que el alazán es rápido.
lunes, 14 de mayo de 2007
No hay miradas

Entro en el auto, lo pongo en marcha. El camino se abre en la casi madrugada, no hay luces en el camino.
® Cecilia Ortiz
martes, 1 de mayo de 2007
Me propones

Oigo tu voz una y otra vez.
Te veo sentado frente a la ventana, aunque no estés, parece que estuvieras.
Aún el perfume del tabaco acompaña tu sillón.
La puerta cerrada es una frontera, tablas y bronces lucen su porfiado destino. El mío frente a ella, y frente a ti. Que no estás, pero insistes en seguir entre las paredes grises.
Tengo la llave. Lo sabes.
Después de ti, cariño, susurras cerca. Y me rebelo y exploto y le doy un golpe a la puerta. Golpea detrás de mí empujando el aire que me empuja. Y soy libre.
Detrás de esta puerta, estás, con la mirada fija, como cuando tomaste el café que te serví.
Mi puerta

Siempre pensé que una puerta es para pasar a otro cuarto, salir de la casa, entrar a otra habitación o tal vez, al vértigo de lo desconocido, a la intensa vida del hogar, al encuentro de la fantasía. Hasta que encontré una que tiene lo suyo.
Suspendida de la pared de mi cuarto, olvidé decir que es una pintura moderna, la veía día a día al abrir los ojos. Y comprendí que esa puerta no conduce a ningún sitio. Detrás de ella , una pared.
Mi fantasía no lograba atravesar el muro. Por eso decidí romper la pared, hacer un hueco y dejar que el viento se cuele por él. Eso pensé. Pero casi sin darme cuenta encontré la fórmula.
Ya sé, pensarás que estoy loca, puede ser.
Qué importa, consigo el objetivo, salir por el cuadro para ser una mujer libre de temores.
Pero regreso a liberar mis manos mientras busco en todos los rincones, sin descubrir el secreto. Sin encontrar la manera de salir por la puerta convencional y ser lo que quiero ser.
Si lo descubro, se acaba la magia. Y el cuadro volverá a ser lo que es, una puerta que no conduce a ninguna parte.
No importa. Se puede inventar otra y convencerse de que es la misma.
Me dices que no, con la cabeza. El secreto debe ser secreto y punto.
No me conformo y seguiré buscando todas la noches, absolutamente todas. Debo saberlo, lo necesito. De lo contrario, nunca recobraré la libertad y seguiré atada a esa puerta estática sobre un bastidor, a comenzar la ceremonia de trasformación para ser esa mujer que soy, cuando logro traspasar los límites de mi obsesión.
® Cecilia Ortiz
La promesa
Aún intento resistir. La tentación frente a mí tiene forma de puerta entreabierta. La luz que proyecta encandila, es intensa la oscuridad que me rodea. Insiste la luz, insiste la puerta en abrirse más y ya no puedo contenerme.
Te percibo en la luz magnífica que me atrapa, succiona el cuerpo, embruja el sentido.
Dije que no.

